Gabriel Flores
1930 - 1993
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Jalisco es cuna de importantes creadores cuyo peso específico ha sido determinante en el curso de la historia del arte nacional. En cuanto al muralismo, ese movimiento pictórico floreciente durante la primera mitad del XX que alcanzara con mayor solidez, quizá, sobre cualquier otra expresión de la pintura mexicana una posición de privilegio en el ámbito del arte mundial, dos jaliscienses destacan: José Clemente Orozco y Gabriel Flores.
Tal ordenamiento, jerárquico, obedece también a sus cronologías personales: Ciudad Guzmán (Zapotlán el Grande) 1883 y Guadalajara 1930 y al mérito institucional con que están representados en la capital del estado: Orozco en el Palacio de Gobierno del Estado (Hidalgo Libertador 1949) y Flores en la Presidencia Municipal de Guadalajara (Fundación de la Ciudad, 1965). Ambos artistas, en el centro de la República, comparten los espacios del edificio con mayor significación histórica de México: el Castillo de Chapultepec. Orozco pintó, en 1948 el tablero “Juárez Redivivo” para la Sala de la Reforma y Flores en 1967, por su parte, “Los Niños Héroes” en la cúpula que corona la escalinata principal del inmueble. Actualmente, los restos de estos dos excepcionales artistas descansan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.
Su inconfundible estilo, libre y poderoso, cimentado en sus excepcionales dotes de dibujante, es el elemento rector de composiciones de gran fuerza expresiva armonizadas por una rica gama de valores cromáticos cuyos acordes son acentuados por el trazo negro.
Rubén Cham.
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